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1939. De Alicante al Escorial. El entierro de José Antonio. Días 25 y 26 de noviembre.


Antorchas iluminan el paso del cortejo con los restos de José Antonio por la provincia de Albacete.


En la madrugada del día 25 de noviembre, la comitiva que transportaba los restos mortales del fundador de la Falange Española José Antonio Primo de Rivera, llegaba al pueblo de La Roda profusamente engalanado con banderas de España y la Falange. En la torre de la iglesia del pueblo se había colocado una cruz luminosa. Allí tras rezarse un responso, en un altar situado ante la Jefatura Local del Movimiento, los restos de José Antonio pasaron de la provincia de Gerona a la de Lérida, siendo recibos por su jefe provincial Francisco Mora, La comitiva se dirigió al templo parroquial donde se rezó el Rosario. Tras el rezo del Santo Rosario, la comitiva se puso en marcha, llevando las andas la representación de Lérida, siendo despedida por el vecindario en pleno y una inmensa muchedumbre.

A las seis y media de la mañana se hizo entrega del cadáver a la provincia de Álava, representada por el secretario provincial, José María Asensio, al que acompañaban varios delegados de servicios y una escuadra de camisas viejas. Llevaban la bandera de la primera centuria de Álava, condecorada con la Medalla Militar Colectiva en la guerra de Liberación Española de 1936-39. Dio guardia de honor una escuadra de falangistas de El Bonillo y Tarazona de la Mancha. Medio kilómetro antes de producirse el nuevo relevo, salió a recibir el cortejo media centuria de Minas, a cuyo pueblo se llegó a las diez y media de la mañana. En la puerta de la jefatura local de Falange se había levantado un altar ante el cual se colocó el féretro y se rezó un responso. Varios arcos levantados en honor del fundador de la Falange, realizados con flores naturales. En uno de ellos muy visible se leía el nombre de José Antonio.

A la salida del pueblo, lugar donde quedaría fijado un monolito, se hizo un nuevo relevo. La delegación de Ávila, con el jefe provincial Alberto Rodríguez Cano se hicieron cargo del féretro. Terminado el ritual de costumbre, con salvas, responsos y oraciones, el fúnebre cortejocontinuó su marcha. A él se incorporan las milicias de Villarrobledo.



A tres kilómetros de Minaya, límite de la provincia de Albacete, los restos de José Antonio entraban en la provincia de Cuenca, donde esperaban al cortejo gran número de falangistas, con el gobernador civil de la provincia, el jefe de la Comandancia de la Guardia civil y el alcalde de El Provencio y otras autoridades. Desde el límite de la provincia hasta el pueblo de El Provencio, todo el trayecto estaba abarrotado de gentes venidas de todos los puntos de esa comarca, muchas de ellas llegadas en numerosas caravanas de típicos carros manchegos, tirados por mulas cascabeleras, que llevaban en espera desde la noche anterior.

El gobernador civil, formó en uno de los relevos y llevó a hombros los restos de José Antonio. Tras más de siete horas de caminata desde Minaya, la comitiva entró a media tarde en El Provencio, primer pueblo de la provincia, situado a 251 kilómetros de Alicante, donde las andas pasaron a manos de la representación de Guipúzcoa cuyo delegado de Prensa Manuel Fernández Cuesta, se las cedió al jefe provincial de Santander Carlos Ruiz. Un norme gentío acompañó el paso de la comitiva por el pueblo donde se rezó un responso.


El cortejo continuó por tierras de Cuenca y ya en la madrugada del día 26, la comitiva llegaba al pueblo de Las Pedroñeras, situado en el kilómetro 263, donde se hizo cargo de los restos de José Antonio la Falange de Asturias recibiéndolo su jefe provincial Rafael Arias de Velasco. El pueblo, al ser todavía noche cerrada, estaba iluminado por una gran cantidad de en hogueras. Eran las cinco do la madrugada y el frío intenso no impidió que todos los vecinos se echasen a la calle para contemplar en silencio y con fervor el paso del histórico cortejo.

Diez kilómetros después, en El Pedernoso, Asturias era sustituida por Lugo, representada por su jefe provincial Ramón Ferreiro Rodríguez, con dos escuadras de caballeros mutilados y otra de ex cautivos. En la presidencia formaban los consejeros Nacionales del Movimiento Joaquín Bernal, Raimundo Fernández Cuesta, Manuel Valdés Larrañaga y el general Moscardó, junto al gobernador civil señor Frontera, que acompañó el recorrido del cortejo por toda la provincia. Más tarde se incorporaría el coronel de Estado Mayor, Darío Gazapo.


Santa Misa en el camino de Alicante al Escorial, portando los restos de José Antonio Primo de Rivera.

Amaneció el día luciendo un sol otoñal. Al llegar al kilómetro 278 la comitiva se detuvo y ante un sencillo altar levantado en la carretera, el canónigo de la Catedral de Cuenca don Juan García Plaza, ofició el Santo Sacrificio de la Misa del domingo.

Finalizada la Misa, el cortejo reanudó la marcha y a la entrada, de Mota del Cuervo, el jefe provincial de Cuenca, José Alegría recibía los restos de José Antonio con las palabras de ritual y previa firma del acta del jefe de Lugo. En Mota del Cuervo, llena de vecinos, junto a las autoridades locales esperaba Pilar Primo de Rivera, que se incorporaría al cortejo. Centenares de militantes de Falange llegados desde los pueblos de Ciudad Real de Alcázar de San Juan, El Toboso, Tomelloso, Argamasilla de Alba y Campo de Criptana, llenaron con su presencia varios kilómetros de carretera, para ver pasar la comitiva donde iban los restos del Jefe Nacional de Falange Española. En 1935, José Antonio había estado en Mota del Cuervo, donde presenció un desfile de las incipientes milicias de la propia Mota del Cuervo y ayuntamientos limítrofes. Entró en varias casas donde fue agasajado por varios vecinos.

Tras el paso por la venta de Don Quijote, donde Alonso Quijano se armó caballero, Cuenca cedía a la delegación de Ciudad Real las andas portadoras del féretro de José Antonio. A las cinco y media de la tarde llegaba la Comitiva al límite de la provincia de Cuenca con la de Toledo. José Antonio abandonaba su querida provincia de Cuenca, por la que se había presentado a las elecciones de febrero de 1936 y donde había sido desposeído de forma fraudulenta de su acta de diputado.

Sobre las once y media de la noche la comitiva atisbaba Quintanar de la Orden situado a 302 kilómetros de salida de Alicante. A la entrada del pueblo, miembros de las Falanges Juveniles, situados de cinco en cinco metros, en dos filas, cubrían toda la carrera, llevando antorchas. Grandes hogueras ardían también a lo largo de la carretera, contribuyendo a aumentar la solemnidad de aquellos momentos.


1939. Pilar Primo de Rivera, hermana de José Antonio, recibiendo el féretro de su hermano José Antonio en Mota del Cuervo.

Unos cuatro kilómetros antes de llegar a Quintanar, se agregaron a la comitiva Agustín Aznar y el jefe provincial de Madrid, Jaime de Foxá, que también se relevaron para llevar el féretro. Otros dos rosarios se rezaron antes de llegar a Quintanar, con la multitudinaria presencia de falangistas de Ciudad Real con representaciones del Campo de Criptana y Daimiel, que eran las delegaciones falangistas más antiguas de la provincia. Asimismo formaron cuarenta cadetes de la 0rganizacion Juvenil de Ciudad Real, que habían hecho el viaje a pie para presenciar el paso de los restos de José Antonio. A pesar del intensísimo frio todas las centurias formaron con la camisa azul remangada.

Ese mismo domingo día 26 de noviembre, a la mañana llegaba al puerto de Barcelona, a bordo del “Neptunia”, la misión militar italiana, que había sido encargada de depositar, en la tumba de José Antonio, una magnífica corona de bronce que el Duce Benito Mussolini envió a España con motivo del traslado de los restos del fundador de la Falange. Formaban dicha misión, que presidía el general Radogna, el coronel de Aviación Andrés Zotti y los oficiales Conradino Cerrado, Pedro Morlno, Mariano. Bruno, Mario Rizzo, Antonio Paseollo, Aurelio Lanfiasco, Carlos Kechler, Antonio Altomare, Armando Valenti, Primo Benchini, todos ellos oficiales de la división legionaria que luchó en España y que habían sido heridos y condecorados en la campaña española. Agregado a dicha misión figuraba el periodista, redactor del “Lavoro Fascista”, Alberto Consiglio.

En los muelles la representación Italiana fue recibida por representaciones y autoridades, del Movimiento, del Fascio italiano y por el personal del consulado general de Italia en Barcelona.

Por la noche, el gobernador militar de Barcelona, general García Escámez, que durante toda la campaña tuvo a sus órdenes a los oficiales italianos, ofreció a la misión una cena en el Hotel Ritz, a la que asistieron, además, el cónsul general Carlos Bossi, y las esposas del gobernador militar, del cónsul general, del coronel Zotti y de Infantes.


1939. Monasterio de San Lorenzo del Escorial. Delegación Italiana portando la corona de bronce, que envió el Duce Benito Mussolini para el entierro de José Antonio.


El general García Escámez excusó la presencia del general Jefe de la Región por retenerle obligaciones de su cargo.

Después del ágape, que tuvo carácter íntimo, los militares italianos se trasladaron al teatro Tivoli, donde presenciaron una función musical y fueron objeto de numerosas atenciones.

Al día siguiente la misión italiana prosiguió, por carretera, su viaje a Madrid, con objeto de cumplir el encargo que le había sido confiado por el Duce. La corona ofrecida por éste llevaba la siguiente inscripción: “II Duce al fondatore della Falange”.


corona de bronce, que envió el Duce Benito Mussolini para el entierro de José Antonio.

Carlos Fernández Barallobre

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